domingo, 1 de octubre de 2017

Satisfacción

"Lo vi escondiéndose detrás de los estantes de la tienda. ¿Qué hacía ahí y justo ahora? No soy tonta, seguramente tenía relación con algo extraño que tramaba mi hermano. No me sentía preparada de verlo, así que me alejé para ver el panorama.

Se escabullía como rata entre la gente y la mercadería, hasta que se encontró con mi hermano, quien no había notado su presencia por estar distraído con el celular. Él le entregó a mi hermano un equipaje de mano usada, que días atrás había comentado mi mamá que había que reparar algunas partes rotas. Pero, ¿por qué él la tenía? ¿acaso había puesto un sitio de costura? ¿por qué justamente ahora a mi hermano se ocurría pedirle ayuda con algo tan insignificante? Y, sobre todo, ¿por qué a él?

Mientras me hacía las preguntas mi cuerpo se movía involuntariamente, acercándome cada vez más a la escena. No aguantaba su sonrisa de idiota, evitando mover la cara más allá para evitar saludarme, era el tonto del que alguna vez me enamoré, era un cobarde y simplemente no se merecía nada.

Mi hermano alado, seguramente sin darse cuenta del grave error que acababa de cometer. Pero no podría descargarme contra él, lo veo cada dos años, estos pocos meses deben ser apreciados. Además mi verdadera rabia no era para él, sino hacia el imbécil que lo acompañaba. 

Ya era muy tarde, me abalancé contra él. Sí, lo tomé por el cuello de la camisa obligándolo a ver mi cara. Mi cabeza pensaba por mil y todos los pensamientos se mezclaban -es un canalla-, -qué le viste Lourdes-, -no se atrevió a preguntarte si quiera cómo estabas-, -no te merece-, -no merece una cachetada-, -¡para!-. Entonces tomé fuerza de donde no había y le di una cacheta.

No hizo nada, estaba tan impactado como mi hermano y, mi otro hermano y mi papá que acababan de llegar. 

No fue suficiente. Mi rabia me controlaba, y le di golpes en el pecho, como acusándolo de un delito cometido. No recuerdos las palabras, creo que era algo como esto: "eres un idiota, imbécil, no fuiste capaz de visitarme, no te importó nada". 

Nunca he sido partidaria de la agresividad pero en ese momento se sintió tan bien. Cuando volví en mí, me di cuenta que había ganado otro par de espectadores. Personas que escucharon un poco de lo sucedido. 

En otras ocasiones me hubiera muerto de la vergüenza, en especial con mi papá, pero esta vez no. Me sentí tan bien, tan satisfecha. Estaba segura que no le había causado ningún daño, ni si quiera un moretón. -Mis manos son tan pequeñas para su corpulento cuerpo.- Me sentí feliz, alegre. Aunque ese momento mi rostro sólo reflejaba rabia.

Le pedí a mi papá la llaves del carro y salí del centro comercial de prisa. Estoy segura que no seguiría, -si nunca lo hizo-. Quería desaparecer del momento, aunque todo fue tan grandioso, tan satisfactorio. Entendí de dónde se inspiraron las novelas para esas cachetadas mal actuadas, me arrepentí de criticar a una amiga por cachetear a su ex al encontrarlo con la otra... Cada paso que daba se sentía cada vez más glorioso, como si estuviera cerca de una meta, creo que entendí que se acaba ese tormento, porque finalmente pude descargar mi rabia con su causante."

DesAfortunadamente todo fue un sueño. 

martes, 5 de septiembre de 2017

Lo bonito...

¿Saben qué es lo bonito de no estar en una relación? Que te vuelves a enamorar del amor.

* Vuelves a creer que necesitas estar con alguien, enamorarte, amar. Crees de nuevo en príncipes azules, castillos y grandes jardines. Vuelves a pensar en la magia del destino. Desechas casualidades. Por este periodo, nada prometedor, toda canción retoma un sentido para bailar al compás de ser amado. Y anulamos lo que conlleva todo, dolor. *

sábado, 12 de agosto de 2017

REVIVIR EL PRIMER AMOR | RELATO

¿Quién no recuerda el primer amor? Aquella primera persona que le hizo sentir mariposas en el estómago, que tan solo con tomarlo de la mano podía poner en acción tantos nervios de su cuerpo y al mismo tiempo embobarlo sin capacidad de sincronizar palabras. A mis venteitantos no he tenido un gran historial de hombres, así que es fácil recordar aquella sensación. Pues, aunque no duró tanto mi relación con esa persona, uno guarda en la memoria momentos descabellados de la adolescencia. Asimismo la absurda casualidad de colegiala golpeó a esta edad, con la misma persona de mi pasado; es que una vez más, los azares de la vida estuvieron a favor del amor.

Había tomado un viaje con mis amigos, de los que se planean por meses con 25 personas en la lista, y acaban, en este caso, 9 pelagatos. Suficientes para poder revivir las pistas de baile. Tomamos de los cruceros que recorren Caribe, y después de 3 días a bordo, bajar a tierra firme no sonaba nada mal. La playa era pequeña, pero el puerto era enorme. Había 3 barcos anclados; así que, las inspecciones para poder ingresar tardaron un tanto y entre filas, me perdí de mi multitud. Pero no había problema, habíamos acordado vernos en el bar grande de la playa al atardecer para aprovechar unas horas juntos antes de volver al barco. Por lo tanto no apresuré mi paso y disfruté de la vista. Tampoco estaba ansiosa, como mis amigas, por comprar recuerdos que al fin y al cabo son similares a los de mi país natal con tan solo un cambio, el nombre de la isla.

Estaba con la vista perdida, sin punto fijo, solo caminando y pensando en banalidades. ¿Quién iría a pensar que un pequeño paro al corazón me daría pronto? Pues entre los tantos puntos que no percibían mis ojos, estaba él sonriendo a la distancia, sentado con dos amigos en una pequeña cabaña. Yo sonreí por cordialidad y apresuré mi paso con el único objetivo de borrarme de su vista por toda la tarde. Estaba por entrar a una tienda de recuerdos, rogando que ahí estuvieran mis amigas, cuando casi por teletransportación apareció frente a mí.

Estaba igual que como lo recuerdo, las redes sociales no lo hacían lucir. Podría decir que un poco mejor del adolescente que era, pues más masculinidad denotaba esa ligera barba. Él tan gigante como siempre, pues a comparación de mi metro sesenta todos lucen altos. Su cabello castaño con reflejos rubios naturales, y su piel blanca bronceada por el Caribe, parecía la tentación perfecta. A pesar de eso mi incomodidad era eterna, y tras saludarme con un “Hola, ¿cómo estás?”, quedé anonadada. Tal cual puberta insegura, me tomó tiempo volver en mí y le respondía “Hola, qué tal”. 

Era inútil explicarle quien era. Él, esta vez, me recordaba. Hace un año aproximadamente lo había vuelto a ver en un matrimonio de mi prima, quien era amiga de su entonces novia. Lo saludé pero parecía no recordarme. Ahora yo estaba un tanto más delgada, no con el cuerpo de 14 años, pero sí lo suficiente para querer salir a tragarme el mundo con mi sensualidad. Aun así, me minimicé, no sabía cómo actuar, y por qué justo ahora y aquí, él aparecía.

De ahí, me llamó “Lulu” como lo hacía cuando nos conocimos por primera vez,-  Lourdes tiene tantas alteraciones que ninguna resulta tierna ni grosera en este nivel de mi vida -. Me preguntó si me seguían diciendo así, y le dije que no, pero que me llamara como él quisiera. Pasamos toda la tarde hablando, le pregunté dónde trabajaba, si seguía jugando, y entre tantas cosas coqueteamos hasta decir basta. Todas las respuestas a las preguntas las sabía por las redes sociales, pero resultaba interesante escucharlas de sus propios labios. Sus amigos eran nuestros escoltas, a dos pasos atrás de nosotros, y yo ahí expuesta sin amigos que pudieran protegerme.

¿Qué podía hacer, la tentación jugó a mi favor? Y entre el bello atardecer y la poca ropa que obligaba el clima, nos besamos. No sólo una vez, sino una y otra vez. Me preguntaba si debía llevarlo esa noche a encontrarnos con mis amigos. ¿Cómo les introduciría la situación? Me pierdo toda la tarde, y de repente, aparezco agarrada de la mano con un hombre. Obviamente algunas de mis amigas lo recordarían, pero igual no era excusa. 

Había perdido musculatura de lo que recordaba de él, pero seguía teniendo un tonificado cuerpo. Lo único que pensaba era qué sería estar con él en un modo más íntimo. Ya no era una chiquilla estúpida que sólo veía a los hombres como padres de mis hijos, cómo sería nuestra boda y si le agradaría a mi suegra. Me fijaba en sus piernas y en sus brazos, y en lo ideal que sería bailar pegaditos en ese bar donde me encontraría con mis amigos.

Pues lo llevé al encuentro, y no fue tan incómodo como lo pensé. Claro pues, me comporté como la digna damita que soy frente a mis amigos. Y no lo besé hasta que estuviera segura que mis amigos estaban lo suficientemente ebrios para no recordarlo. Bailamos y dimos vueltas a la luz de la luna, tal como se graban las escenas de película donde se cuenta un amor de verano. Y con un suspiro profundo, la fantasía se fue.

Miré alrededor y fue inevitable pensar a mis amigos que son parejas. Tanto tiempo juntos y verlos tomar un viaje. No sólo sucumben al deseo del cuerpo y las sensaciones, comparten metas y propósitos.  Viven de un recuerdo sí, pero refuerzan el amor día a día. Este había sido un amor de verano, tal como lo fue en sus inicios. Lo malo es que yo ya no busco amores de verano, hasta ahí puede sucumbir mis deseos físicos. Recordé que hubo historias que no hablamos, como que tiene un hijo, qué pasó con la madre, cuál es su situación política y su vida ocupada que no deja espacio más que para unos besos en la playa una vez al año. Es mucho por digerir en una sola noche.

Me escabullí entre mis amigas y multitud sin una merecida despedida. Sólo decidí dejarlo ir. Esa noche dormí con el alma tranquila, pues ya no era una chiquilla que se vendía por mariposas en el estómago. Aún tengo su número registrado en mi celular, pero después de ese día no he vuelto a estar en contacto con él. Las redes sociales aún me cuentan de sus importantes reuniones, las mismas que a mi temprana edad fueron excusas para separarse de mí, y de las fotos de cumpleaños de su hijos, donde el rostro de la madre del niño relata su propia historia.  

Este relato es ficción. Nunca viví lo descrito, fue una conspiración de la mente y la fantasía. Espero que lo hayan disfrutado.

martes, 29 de noviembre de 2016

Pieces Of Me ♫

Estoy atrapada en el mismo acertijo del cual sé el final, y aunque trato de encontrar una mejor respuesta, nunca la podré dar.

...Había un cuento que no se había contado, había un chiste ya repetido y un par de desahogos que se desvanecerán con el tiempo.

lunes, 11 de julio de 2016

La cura

Le he dado mil vueltas a este post, no sabía ni por dónde empezar. ¿Hablar de algún hipotético? ¿Hablar directo de la realidad? ¿Con un tono positivo o total depresión? En fin no lo he decidido, y a la par de que se va llenando este cuadro de texto lograré entenderlo, y aún más importante, desahogarme,

Estoy de luto, si se podría decir así, pues quité a fuerza, aunque pareciera a elección, a alguien de mi vida. No permaneció en mi vida más de lo que muchas otras personas cercanas lo han hecho, pero siento que al irse me partió el corazón. Así como ese emoticon de corazón roto que todos tienen en su servicio de mensajería instantánea, algo así. Pues es un dolor inmenso, como una puñalada en el estómago que me dejó sin aliento.

Lo que sucede es que el tiempo aún no se detiene y aunque lo he tratado de conllevar más de un mes, no he podido llorar mi luto. Trabajo, compromisos, estudios, me han obligado a posponer el dolor; que en momentos a solas me quiebro. Basta con encontrar alguna conexión mental para que todo se vea trastornado. ¡Soy muy tonta! Sí, lo creo. ¿Cómo puedo seguir sintiendo dolor? Ok, esperaba no olvidarme de esa persona a la semana siguiente, creí que al menos 6 meses borraría aquel recuerdo constante. ¿Pero, por qué mi corazón no posee la misma inteligencia de mi mente y entender que fue un adiós para siempre? Entre todo, hubo palabras claves que me hizo entender la fría realidad del desamor que me movió a tomar una decisión, y aunque haya pasado muchos días, mi corazón no lo entiende.

Quiero echarle la culpa a algo por el dolor que aún siento, como la falta de experiencia en estos asuntos de amor, como la rutina, como la falta de una despedida o peor, de una traición. Pero tal vez la culpa de mi dolencia no es de algo, si no de alguien, y es sólo mía. Es que sí, me clasifico como tonta, tonta en todo este asunto emocional. ¿Qué pasos a seguir? ¿Cómo reaccionar? Es que me pregunto cómo hacen esas personas que se enamoran de uno, terminan y van tras otro. ¿Cómo superan tan rápido a una persona? ¿Cómo simplemente lo hacen, pues he tratado muchas cosas que van dentro de mis principios y no lo logro?

No quiero volverme negativa respecto a una cosa u otra. Sí sé que lo superaré, sí sé que tendré a una persona que me ame y me mime, está dentro de mis planes enamorarme, y tener todos esos parámetros de amor que me mostraron mis padres. Pero por ahora mantengo ese sabor agridulce de un corazón roto. Como siempre firmo mi sentencia de vida, que algunos meses después de este post me sentiré mejor y que será un recuerdo de entre muchos que ya han pasado su página en este blog. Por ahora sólo busco una cura a mi dolencia, para dejar de vislumbrar una silueta que jamás querrá volver a aparecer en mi horizonte y formar una incógnita fresca de un mejor porvenir. 

sábado, 25 de junio de 2016

Valiste v*rga

No sabía que valías tanta v*rga,
Hasta que valiste v*rga.
Pero no fue una v*rga cualquiera,
Fue una fuerte, grande y venosa,
Como esas que atraviesan,
Lo cual hizo, que valgas más v*rga.

Valiste v*rga,
Aún cuando creía que no lo valías,
Pero fue tanta la v*rga,
Que ahora pareces valer v*rga.

No quiero entrar en detalles de v*rga,
Pues las hay de todo tipo, 
Y no eres el primero que lo vale,
Pero me impactó verte valer tanta v*rga.

viernes, 24 de junio de 2016